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jueves, 20 de enero de 2011

QUERIENDO ENTRAR A CUBICULANDIA

Noviembre 2009
La vuelta a Sydney. Mis intentos por entrar en el mercado laboral profesional y el comienzo de los estudios

Una vez más, en casa. Me tome 3 semanas de vacaciones antes de empezar con todo. Era un anticipo al desembarco de Normandía. Iba a llegar con todas las energías puestas en conseguir lo siguiente:
A Realizar el diploma en Tourism Managment, lo mejor posible.
B Mudarme a una casa y dejar la vida de “mochilero”
C Encontrar un trabajo más afín con mis intereses y profesión.
Se terminó la era del pelo largo, barba de afgano, botas de Siberia y campera de Nepal. Por primera vez en un largo tiempo tenía la intención de asentarme y desarrollarme en mi quedo Australia.

Lo primero que hice fue comprarme internet móvil. Fue como evolucionar, como si a un mono salido de una cueva le dieran un palo. Un palo para cazar mejor. Segundo acto, traduje y actualice los cvs para comenzar la búsqueda. Claro, me olvide decir que llegar a un país nuevo implica caer en absolutamente todas las trampas que hay por haber, gente que juega con expectativas e ilusiones de gente que busca una mejor calidad de vida. El resultado de mis incursiones en el Mercado australiano, es justamente de lo que se trata la siguiente nota. Disfrútenla!
Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía.

Ok, mis cvs ya estaba listo para salir a la cancha. Obviamente que hice algunos retoques y trate de evitar cosas como “dormí con una oveja por 40 horas” o “me agarro un ataque de pulgas en India”. Claro, eso solo queda para ustedes.
La primera de las entrevistas que fui era para “Marketing y ventas”. Hace mucho tiempo que me había ido de cualquier tipo de vida corporativa, necesitaba darme algunos golpes con la realidad.

Para la siguiente cita, elegí vestirme casual: zapatillas, apenas afeitado, camisa y jeans. Me falto ir desnudo y listo. En la oficina me sentí como en el palacio de Madrid: tacos altos, trajes Armani, muebles futuristas, etc. Juraba que estaba en Futurama, pero sin el gordo que se parece a Homero.

Me hacen llenar un formulario con datos, empleos anteriores, o sea, intentan dar la impresión de que sos una persona valorada y que tu experiencia es súper útil y valorada. El entrevistador me llama por mi nombre y me invita a pasar. El puesto se trataba de instalar paneles solares y mi sueldo sería una “comisión” por venta. Créanme que a esa altura, no tenía ni la menor idea de este tipo de trabajos. En ningún momento les creí, solo opte por escuchar. En el medio de la entrevista, interrumpo para preguntarle “ todo suena muy prometedor, pero de cuánto dinero hablamos? Yo a comisión no trabajo, quiero un sueldo”. El tipo me miro como pensando “ ohhhh tenemos aquí al elegido, como si fuera neo en matrix”. Primero le gusto mi actitud y luego juro que me iba a entrenar y que yo tenía pasta para ese trabajo. Hecho, acordemos una próxima entrevista para el día siguiente ya que la primera instancia había sido “aprobada”. El jefe me miro a lo Clint Eastwood y me dijo “yo te voy a hacer bueno en esto” “te veo mañana”…” ah, y por favor, comprate un traje”.

Salí confundido. No sabía que pensar, o sea, si sabía pero no quería pensarlo. Me habían prometido mucho por muy poco, una fórmula que solo funciona en el mundo publicitario. Yo fui muy punzante y el tipo me hizo a entender que tenía una gran actitud, cosa que no era así. Todo sonaba muy raro, lo único que me quedo por hacer fue arriesgar y ver de qué se trataba.

Me estaba yendo a casa cuando una voz entro por mi cabeza “ah, y comprate un traje”. Traje, medias, casa, laptop, auto, lo que quieras en esta vida es sinónimo de China. Y eso fue lo que hice. Me compre el peor traje por la módica suma de 30 dolares. Fue lo peor que compre en mi vida, parecía los de MEN IN BLACK, pero después de ser arrollado por un conteiner de bosta.

Llego el día de la entrevista. Tuve que tomarme el día en el trabajo temporal que venía haciendo. La jugada ya me había costado como 200 dólares entre traje, viáticos y no ir a trabajar. Aparecí totalmente lookeado, parecía un hombre nuevo, camisa, zapatos, corbata. El anti mochilero. Llegue con la actitud de “ hola, soy juan, alguien se acuerda de mí? soy el que tiene actitud, miren que hoy vine eh? El jefe pasó caminando y lo intente mirar directamente para que me reconozca. En mi cabeza pensaba: “ seguro que llego a la casa y le conto a la mujer: sabes que hay un flaco que la rompió en el laburo??”

Los pensamientos estúpidos seguido del misterio que se había generado, se iban a terminar rápidamente cuando entro a la “segunda” entrevista. Para mi sorpresa era grupal. Nos saludan y nos empiezan a decir que nos vamos a hacer ricos. Si uno era un 1% estúpido se hubiera imaginado en una casa en la playa, una rubia Australiana trayendo la limonada en una calurosa tarde de febrero.
Nos contaron de qué se trataba el laburo y lo resolvieron de esta manera “ bueno, arrancan ya a trabajar, ahora los pasa a buscar una camioneta, vamos a hacer mucho dinero hoy!!”

En la mesa estábamos un chino, un senagali, un australiano y yo. El entrevistador nos dice: “ bueno, antes de arrancar alguno tiene alguna pregunta? Sorpresivamente el australiano se paró y se fue. Yo le dije “si, varias”. “En principio, me habías dicho que esto y lo otro” El me respondió “estas son las condiciones, si no te gustan…” “No, la verdad que no”, respondí. Me pare y me fui. Me hicieron creer que la riqueza y la felicidad estaban en la palma de mi mano.

Fue la primera de las malas experiencias que tuve en Sydney, la pregunta es: será que salí al verdadero mundo? Fui mi primer gran enseñanza en Australia: los embaucadores son como los mosquitos, entan en todos lados.

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