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lunes, 12 de enero de 2009

El final del viaje: Letonia




Riga _ Letonia

Me tomé el bus nocturno a Riga, doce horas aproximadamente. Venía bastante cagado por lo siguiente: supuestamente uno al ingresar en Rusia debe sellar la tarjeta de migración, luego debe sellarla cada 3 días para que el gobierno ruso tenga un control sobre tu viaje. Esto es algo que hacen todos los turistas y que yo, no cumplí. Si me llegaban a agarrar sin mis sellos probablemente iba a tener un gran problema.


A las 4 de la mañana llegué a la frontera. Hice la cola re cagado y cuando me tocó mi turno, la policía no dejaba de mirar mi pasaporte. Ponía caras, miraba, chequiaba. No sé qué pasó pero de milagro no me dijeron nada, sello y chau Rusia!

Todavía quedaba un pequeño problema. Me mandé así nomás a Letonia y era obvio que me iban a pedir al menos pasaje o algo por el estilo. La cuestión es que no tenía nada jaja.
Llegamos. Le piden pasaporte a todo el bus. Chequean y luego de 10 minutos se sube un policía y me dice que me baje. Me bajo. Me pregunta a donde voy, etc. Le digo que me voy a Londres y Buenos Aires. Me pide el pasaje y le digo que lo tengo en internet aja, muy vago lo mio. Me cree y me dice “ nos vemos”.
En Riga tenía los contactos para encontrarme con otro local que conseguí de la página. Apenas llegué, me fui a la secretaria de turismo donde me hablaron un perfecto inglés y me explicaron que debía tomar, hasta me ofrecieron el teléfono para llamar a mi amiga. Esto es lo mejor que me puede pasar, llegar a un país y que la comunicación sea fluida, simple, fácil de viajar. A partir de acá me autonombre “ el hijo de Riga”

Me tomé el tram hacia lo de mi amiga, una delirante que se había quedado sin trabajo por la crisis internacional. El primero día llegué y me acomodé como pude. Acto seguido: a dormir.
Riga es una ciudad altamente recomendable. Por empezar es muy fácil de recorrerla, muy pequeña y preparada para el turismo, buenos mapas, indicaciones, de todo un poco. Esta repleta de bares y restos, es uno de los puntos turísticos que eligen los ingleses para vacacionar o simplemente para irse un fin de semana a tomarse todo lo que encuentran. Los vuelos Londres Riga son muy baratos, aproximandamente 30 euros teniendo en cuenta que nos estamos cruzando casi toda Europa.

Otro punto a tener en cuenta es que es súper pintoresca, tanto es así que el centro histórico de Riga ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco ya que posee la más fina colección de edificios de Art Noveau en toda Europa.
Chica, tan solo 800.000 mil habitantes y sobre el mar Báltico, Riga es de esas ciudades que uno no puede dejar de visitar, primero por los precios y después por la necesidad de conocer estos países Bálticos que emergen poco a poco de la posguerra. La gente también fue un factor positivo ya que son amistosos, divertidos y sobre todo intentan que el turista pase una buena estadía.
En fin, salí un par de noches a unos bares en la ciudad. El frío impedía que haya tanta gente. Conocí los amigos de mi amiga, uno más delirante que el otro, todos súper buena onda.

Como les decía, le agradezco a esta ciudad por haberme alojado en los últimos momentos de mi viaje. Ya tenía todo listo, era el momento de la vuelta, la vuelta a casa. Lo único que sabía era dónde y cuando debía tomarme el vuelo, el resto, era lo que me quedaba por descubrir. Terminé mis días en Letonia y de allí me fui para casa.


Lo mejor para lo último: San Petersburgo


Me tomé el tren que conecta Moscú con Petersburgo en 6 horas. El de la boletería me hizo un gran cama ya que me vendíó un pasaje carísimo, como no entendía nada lo tomé. Viajé en uno de los mejores trenes del mundo.
La verdad me hubiera gustado haber estado más fresco para recorrer la ciudad, traía el cansancio de 16 meses. No obstante, no dejé de disfrutarla.
Si tengo que dar un título antes de empezar diría que esta ciudad me pareció de lo mejor de Europa.

En san Petersburgo me esperaba Lena, una amiga que había contactado por el couchsurfing.

De la estacion de tren me tomé el metro donde me esperaba lena. Los metros de Rusia son los mejores del mundo en relación a lo pintoresco, son realmente un museo bajo tierra: esculturas, monumentos, mármoles, pinturas, faroles, increíbles.

Al déa siguiente empecé a recorrer la ciudad, la cual está repleta de iglesias ortodoxas. Estas iglesias tienen un diseño muy llamativo, espectaculares, revestidos por decoraciones de mosaica exterior e interior, colores de todo tipo, grandes cúpulas, figuras y pinturas de todo tipo.

El primer día caminé por la fabulosa avenida Nevzky Prospect. Se puede encontrar grandes vestigios del mundo moderno así como la pobreza y la opulencia. Innumerables puentes y palacios la cruzan y enmarcan. Encontramos muchísimos cafés, restaurantes, tiendas, museos y librerías. Ni hablar de la cantidad de iglesias espectaculares que la rodean.

Otro gran punto de interés cultural es el fabuloso Ermitage. El Ermitage figura entre los museos más importantes y más grandes del mundo como el Louvre en Paris, el Museo Británico en Londres, el Prado en Madrid. El número de objetos del arte se aproxima a tres millones. El edificio más grande es el Palacio de Invierno, la antigua residencia del Imperio Ruso. Aquí fue donde me encontré con Bruce, un australiano que andaba dando vueltas. De ahí nos fuimos a tomar una cervezas.

Los precios en esta ciudad son una locura, desde la comida, cervezas, alojamiento, todo. Me tomé 3 cervezas y casi se me había ido el presupuesto diario. Los bares son bastantes pintorescos y archieuropeos. La sensación que me dio en Rusia, debe ser por el clima en general, es que la gente no suele salir mucho de noche. O sea, los hay, pero no es muy común andar de boliche en boliche como en otras culturas.

Llegó así el final de Rusia. Me costó muchísimo esfuerzo llegar hasta acá, fueron casi 4 meses de duro trabajo para finalmente, cumplir un gran sueño. Rusia cumplió con todas mis expectativas, un país cargado de historia, tanto antigua como reciente, 70 años de comunismo dejaron su huella en la sociedad. Fui a buscar historia, construcciones, grandes paisajes, lejanía del mundo, un lugar místico. Lo único que puedo decir que me dejó pensando fue la gente. Debo decir que, nosé si fue por mi experiencia o los lugares que estuve, pero no me hallé con los rusos.

Obviamente que el idioma facilita mucho las cosas pero bueno, encontré una sociedad bastante negativa, fría y en algunos puntos agresiva. Igualmente fue una gran experiencia haberlo vivido y experimentado.

Me compré el pasaje en bus desde San Petersburgo hacia Riga ,la capital de Letonia. No tenía ni idea donde me estaba yendo, lo único que sabía era que debía pasar 4 días allí antes de tomarme el avión a Londres para luego volver a mi querida Argentina!

domingo, 11 de enero de 2009

sábado, 3 de enero de 2009

La despedida de Moscú




Los días siguientes pasaron y yo seguí recorriendo esta gran metrópolis. Me busqué otra familia que me hospedara porque el ruso con el que estaba no tenía mucha onda. Así fue que llegué a Anna. Subte va, subte viene, Anna me estaba esperando en la estación.

Ni bien llegué, lo primero que vi fue a su vieja, la más bizarra de todas. Me morí mal. La madre era de Bielorrusia, yo le decía la mama. La mama me preparó la comida del año: me armó un banquete con pescado, papitas, ensalada. Realmente me trataron como un rey. ¿Que habré hecho para merecer semejante privilegio?

Al día siguiente, Anna se tomó el día en el trabajo lo cual fue muy bueno para mi ya que no tenía que andar recorriendo solo, después de un tiempo ya me estaba aburriendo.

Fuimos al memorial y museo de la segunda guerra mundial. Algo increíble. El monumento tenía una metáfora muy interesante. Era una especie de obelisco con todas las batallas representadas. En la parte inferior se puede ver una especie de ángel cortando la cabeza de un dragón con una lanza. El museo fue uno de los mejores que vi en el mundo: artillería, documentos, monumentos, placas, vestimentas, videos, banderas, fotos y más fotos. Ah, y la infaltable mala educación rusa del personal. Anna preguntó algo en la puerta y le respondieron: ¿vos sos tonta? Había preguntado porqué puerta se ingresa jaj, son terribles los rusos.

Lo que más puedo rescatar del museo es la forma en que esta representado el ejército rojo: en lo más alto de todo. Banderas por todos lados, emblemas, estatuas de ex generales, leyendas. En fin, es lo menos que puede hacer una nación que perdió al menos 27 millones de personas.

Recorrimos bosques, parques, puentes, lagos y palacios. Al final de todo: mi pasaje. Afortunadamente yo no tuve que hacer nada porque mi interlocutora actuaba por mi, aunque ella no quería hacerlo!! Miren lo que son los rusos que la propia rusa no quería ponerse en la cola y preguntar las 10 preguntas que tenía que hacerle a la de la boletería por miedo a recibir insultos. Se anotó todo es una lista. Hicimos la cola y le llegó su turno, les juro que estaba muy nerviosa, sisi, por preguntar cuánto cuesta un pasaje! En fin, saqué el pasaje y ahí marqué el final de Moscu.

Anécdota: cuando me estaba yendo, Anna y la mama me quisieron dar veinte dólares para que compre un sombrero comunista. Al principio me negué rotundamente pero luego de insistirme terminé aceptando porque un gran motivo: estaba ofendiendo el orgullo ruso, según me argumentaron aja. Esto es simplemente una muestra más de lo que puede llegar a ser capaz la mejor de las comunidades que tiene este mundo: la comunidad viajera.

Seguimos con los camaradas en Moscú




Teniendo en cuenta que había llegado a las 4 de la mañana y que venía sin dormir los últimos 4 días, hice lo mejor que pude. Traté de retener la mayor cantidad de informaciónposible.


Es casi imposible describir con exactitud lo que uno siente cuando se para frente a una de las maravillas. Estás en lugares de gran relevancia para la historia de la humanidad, donde millones de acontecimientos pasaron y uno no sabe que pensar. El sentimiento más inexplicable que experimenté, fue el de estar en esa situación y considerla como una situación normal, como que ya me había acostumbrado a ver ese tipo de cosas.
Es sumamente importante al estar parado frente a una maravilla dedicarle el tiempo suficiente que uno necesita para absorver el momento. Si no lo hiciéramos, caeríamos simplemente en sacar fotos y pasar a otra cosa.

Seguí recorriendo la ciudad a un ritmo bastante lento. En la Plaza Roja me pasó algo particular. Venía caminando y de pronto se cruzó un ruso arrojando un fangote de euros al piso. Luego de levantarlo, no me quedó otra que preguntarle si estaba loco por haber hecho eso. El ruso me súper agradeció. Al segundo después, cayó un supuesto agente policial mostrándome la credencial. Acto seguido me preguntó si hablo ruso, obviamente le dije que no. Después me pregunta si yo había recogido uno o dos fangotes y me empieza a pedir dinero. Me dice si tengo plata, yo le respondo que obviamente no tengo y le digo que no hablo ruso. Por cansancio y al ver la complejidad de la comunicación, se fueron sin decir mucho más.

La cama supuestamente es así. A uno de los hombres se le cae el fangote. Vos lo levantás. Viene la policía y te pregunta de dónde sacaste eso y vos quedás congelado. Claro está que esto funciona con personajes que hablan algo de ruso, no como yo

Cerré mi día turístico, recorrí calles y note el gran nivel de antiamericanismo que hay. Si la gente se da cuenta de que hablás inglés, por lo general se hacen los desentendidos y no te quieren ayudar. Esto me paso varias veces.

No hay mucho más para contar de ese recorrido, si les puedo decir que mientras estaba mirando una vidriera cayeron dos gordos y me pidieron plata. No se si llamarlo intento de robo o que, pero fue algo muy vago. Me pidieron plata y me quisieron palpear. Yo les dije que no tenía nada y al ver que no nos podíamos comunicar se fueron. La cuestión fue que en un mismo día había tenido más acción que en meses, me refiero a robos.

Llegué a la casa del ruso, me esperaba con la cena y con una bebida muy peculiar: cerveza de miel. En realidad me ofreció una copita pero terminé re en borracho tomándole toda la botella.

A la mañana me levanté y me fui a recorrer de nuevo la ciudad. Hice el famoso Kremlin y alrededores. A medida que uno camina por Moscú, se va dando cuenta del estilo particular que tiene. Todavía quedan muchísimos edificios de la época comunista, construcciones en bloque , totalmente rectangulares adornadas por martillos, hoces, figuras de trabajadores arando tierras, grandes monumentos. Moscu podría decir que fue una gran ciudad para recorrer. Al igual que Berlín, es de esas ciudades en donde uno respira historia por todos lados. Monumentos, iglesias, museos, puentes, jardines. Cada monumento tiene una historia por detrás, lista para descubrirla.
Como toda ciudad, cuando uno se aleja de las zonas más turísticas empieza a descubrir la verdadera Moscu, una ciudad un poco más sucia y descuidada. El particular toque que le da las nevadas del mes de diciembre hacen que la ciudad tenga una apariencia única: bosques nevados, autos, cúpulas de iglesias, techos, calles, barredores de nieve, etc.
La gente en Moscú me pareció más mal humorada de lo que había experimentado en Siberia, imaginense!! Gente con ganas de peliar, mal humorada, a mil revoluciones. Venía bajando las escaleras en el metro y de pronto un hombre golpea sin querer a otro, este cae rodando por las escaleras. Yo pensé que se había matado o algo así. El hombre se para, se sacude y sigue caminando rápidamente jaja.

viernes, 2 de enero de 2009

En el corazón de la Madre Rusia




MOSCU

Eran las cuatro de la mañana y yo estaba parado en la estación de Moscu. Tuve que esperar unas horas hasta que se lavante la familia que me iba a hospedar. Entre tanto, intenté encontrar una tarjeta de teléfono, cosa que fue casi una misión imposible. Como sabemos, nadie nos habla inglés.

El otro problema es que no hay tarjetas en inglés. Me llevó una hora recorrer los alrededores de la terminal para encontrar algo sin tener mucho resultado.


Siguiendo con el estilo ruso, dos personas en la calle me ofrecieron su celular. Ya estaba todo arreglado, aunque había un pequeño problema. Esta persona me esperaba en veinte minutos en la estación de metro, el trato era que si yo no llegaba, él se iba porque llegaba tarde al trabajo. Se venía una de las grandes aventuras que tuve en Rusia: viajar en subte.

Salí corriendo a buscar el metro. Cuando llegué me encontré con que el metro no tenía traducción en inglés, o sea, tuve que buscar la estación siguiendo el alfabeto ruso. Por suerte tenía anotado el nombre de mi parada. Empecé el duro camino al metro. Debo decirles que pocas veces en mi vida he visto tanta cantidad de gente aglomerada. Parecíamos vacas. Yo y mis mochilas no dejábamos de ser atropellados por todos. La gente caminaba en bloques, compacta, miles y miles de rusos con destino a sus trabajos. Como si fueran robots, no se detenían, estaban programados. Tuve la gran suerte de encontrar un ruso que hablaba inglés y me pudo guiar a mi estación. Luego de 35 minutos llegué a mi parada El ruso que me hospedaba me estaba esperando. Nos encontramos y fue un gran alivio para mi, venía muerto, cansado del transiberiano y sobre todo muy perdido. Me llevó a su casa, me ofreció una ducha, ¿puedo no aceptarla? Me sirvió el desayuno y luego a recorrer Moscú.

Lo primero que hice ese día fue caminar por la Plaza Roja. No saben el frío que hacía, me entraba por todos lados.

Debo decirles que la plaza roja es una de las cosas más espectaculares que he visto. No es por nada la tercera más grande del mundo: el Kremlin, fortaleza real donde reside actualmente el presidente ruso y anteriormente residencia de los zares, Mausoleo de Lenin ,donde también podemos encontrar monumentos de conocidos personajes del régimen de la URSS, el GUM o Filas comerciales superiores, es uno de los centros comerciales más grandes de Rusia, El Museo de Historia, es como un gran deposito de materiales relativos a la historia de los pueblos de Rusia. Hoy el tiene alrededor de 5'000,000 de muestras en sus fondos y por último La Catedral de la Intercesión (Catedral de San Basilio), el emblema de Rusia. Es muy difícil que a uno no se le ponga la piel de gallina, tanta historia, tantos personajes que desfilaron por ahí.

100 horas después...Moscú


La última de las noches me encontraba bastante cansado y limado. Los muchachos prácticamente no dormían, se la pasaban toda la noche tomando y charlando. De pronto se juntaron todos en mi cuarto a tomar. Cayeron con vodka y cervezas, pero esta vez yo no tenía ganas de sumarme. Me hice el dormido. Vinieron, me quisieron levantar para que tome. Yo seguía durmiendo. Había un joven de unos 19 años que se me sentó al lado,( realmente quería matarlo) y no dejaba de presionarme para que tome vodka. De pronto, uno de los rusos que hablaba un poco de inglés y se acercó y me dijo : “te sugiero que tomes vodka con nosotros porque los rusos se ponen muy hostiles cuando se emborrachan”. Y después fue un poco más directo " si no tomás...". Finalmente accedí y me puse a tomar vodka con ellos.

Después de casi 100 horas llegué a Moscú. El transiberiano debo decir que cumplió con mis expectativas. Un viaje místico atravesando grandes paisajes acompañado de los personajes que esperaba encontrar, personajes muy de película. Estoy más que orgulloso de haber hecho el viaje y que todo haya salido bien. Es una experiencia altamente recomendable.

Más vodka, más transiberiano


Ya el primer día algunos de los jóvenes había mostrado gestos de hospitalidad y me entregaron, mejor dicho, me impusieron que coma la comida que ellos por lo general comen en el ejército. Accedí a su pedido y fue así como me hicieron entrega del kit del ejército. La dieta estaba compuesta por carne de cerno, carne de vaca, galletitas, un sobre con chocolate y te, unas velas para calentar la carne y ya. Me reservo mis comentarios sobre el gusto, pero en ese momento tenía tanta hambre que no le hacía asco a nada. Ellos mismos se reían de esa comida. En una ocación me mostraron una identificación. El chico de la foto estaba bastante pasado de kilos y yo bromiando le pregunté si eso era producto de la comida de la mama o del ejército. Todos nos reímos lo cual fue un buen momento.

El paisaje que podemos ver entre Siberia y Moscú no es tan interesante como el que hay entre Beijing y Siberia. Básicamente son bosques y pueblos aislados.

A medida que el día fue pasando también lo fue el nivel de alcoholemia del tren. Los más jóvenes bebían cervezas mientras que los más grandes vodka. Llegada la noche del segundo día, el grupo se sentó al lado mío y empezamos a charlar de nuevo, en el idioma que se pudo. A todo esto Valentín tenia el peor nivel de alcohol. Yo tuve buena onda con él y nos jodíamos bastante, ¿ puede haber humor con señas? Si, no me pidan que explique porque es inexplicable, pero si, se puede.

Había una señora muy gorda que se llamaba Olga. Yo no dejaba de indicarle a Valentín el dedo anular insinuando un futuro compromiso con ella. Valentín tenía estaba muy borracho y se moría de risa. En un momento le pedí si podía cantar el himno ruso. Se paró, se tomó el corazón y empezó entonces a cantar mientras que el resto del tren vagón lo siguió. Se me puso la piel de gallina. Una de las situaciones mas bizarras que he vivido. Al terminar me exigieron que haga lo mismo. Yo venía tomando shots de vodka y cerveza. Me levanté y empecé : “oid mortales”

De un momento a otro, la policía apareció en el tren. Empezaron a revisar a todos y sobre todo buscaban sospechosos. Si tu cara era sospechosa te pedían pasaporte y te llevaban a charlar un rato. Gracias a que estaba rodeado de rusos pasé inapercibido. Los rusos no paraban de decirme : “hombres malos malos, ciudado”. A esa altura yo ya estaba borracho y tuve la mala idea de recurrir a una joda argentina bastante trillada: quise bajarle los pantalones a Valentín. Sin saber lo que estaba haciendo, uno de los rusos me vio y me dijo “ noooooo eso no, no hagas eso” .ajaa obvio que cancelé los planes. Otra de las joda que quise hacer fue sacarme una media y ponérsela en la cara de Olga. Aclaro que a esa altura ya estaba bastante borracho. Saqué la media y un ruso me vio y me dijo “ si haces eso Olga te va a pegar”. El resultado de la noche fue que quede re borracho y me fui a dormir. Ahhh a Valentín lo empecé a molestar con la hija, cosa que ni daba, por suerte él estaba tan borracho que se murió de risa y no me dijo nada.

Bueno a partir de ahí empezó mi declive en el tren. Me empecé a cansar y sobre todo a limar de mis compañeros. Las noches que me siguieron estuve rodeado de rusos por todos lados. Los muchachos no paraban de tomar. Se levantaban a las seis de la mañana y empezaban con la cerveza. Cerveza aquí, cerveza allí, vodkita por aquí, vodkita por allí.
Si me levantaba al baño todo el tren me seguía con la mirada. Sabían a que hora me levantaba, acostaba, que tenía puesto cuando iba al baño, si iba en medias, ojotas, etc. Hasta el guardia del tren me hacía cargadas, obviamente no la entendía pero por el tono de voz sabía que se reía de mi.

Unas de las noches me invitaron una nueva ronda de vodka, la cual accedí gustosamente. El problema se presentaba cuando se volvían mas borrachos y más agresivos. A mayor nivel de alcohol ,más alcohol querían que tome.

Había un ruso inmenso que me tenía extremadamente cansado. Cuando estaba hablando con todos, venía y me ofrecía alcohol o comida. Si le decía que no, se me quedaba mirando unos segundos. Estoy hablando de una torre rusa que contaba con el apoyo del resto del ejército. Me volvía a ofrecer y yo le volvía a decir que no. En un momento al ver que yo le decía que no, él me empezaba a hablar en ruso, vaya a saber que me decía. A veces la situación se ponía tensa ya que yo no iba a aflojar pero al mismo tiempo tampoco iba a ser tan estúpido de armar un problema, entonces tuve que inventar excusas o encontrar la forma de que este todo bien.

¿Alguien quiere subirse al transiberiano?

De Siberia a Moscú

Bienvenidos a un tren compuestos por 3 clases. Yo, en la última obvio. Mi clase se llamaba PLATZSKARD; son compartimentos compuestos por 70 camas aproximadamente, cuatro camas marineras y una en la ventana. Esta clase también cuenta con agua caliente para sopas y te, pero nada de duchas. El tren a su vez tiene un comedor el cual es muy poco utilizado debido a sus altos precios. Está custudiado por un encargado de vagón y atendido por una camarera, quien es también la encargada de su limpieza.

Ni bien puse un pie mi vagón me di cuenta de que era único turista a la vista. Me senté en mi cama y los camaradas ya me empezaban a mirar como si se tratara de un mono. La locomotora a carbón comenzó a rodar y los camaradas comenzaron a acercarse preguntando en ruso de dónde provenía. Me fui presentando de la forma que pude. Siempre que digo que soy de Argentina, la gente por lo general reaccionan con una sonrisa. Tal vez no tienen ni idea de donde es pero saben que es un país lejano al que le encanta el fútbol y la carne.

La mitad de los pasajeros del vagón eran del ejercito rusos. Edades entre los 19 y 27, sin contar los viejos que obviamente no son soldados pero lo fueron, así que todos comparten el mismo sentimiento.

Lo primero que me quisieron mostrar era el alto grado de antiamericanismo que tenían en la sangre. Los jóvenes lo único que me decían era: “america kaput, bomb, kaput”
Lo decían de una manera tan estúpida como si ellos fueran a ganar una guerra sentados frente a su tv, o sea, en el eventual caso de que la hubiera, ellos serían la primera fila de ataque o mejor dicho, los primeros en padecer.

También encontré interés de ellos hacia mi. Algo que me ayudó mucho en las relaciones en el tren fue el hecho de haber comprado mucha comida para compartir con ellos.

La primera noche no hubo problemas, como no había tanta confianza todavía existía esa distancia y respeto que existen al comenzar una relación. El respeto y distancia se cortó cuando uno de los más jóvenes vino borracho a las cuatro de la mañana a levantarme: “ Juan, Juan; Argentina, Argentina”: “andate a a dormir pedazo de idiota”, traducido a: “Not today, me want to sleep, tomorrow talk”, en un inglés que todos entendemos.

Al día siguiente me levanté a las seis de la mañana, me preparé mis noodles con pan y puré de papas instantáneo. Los camaradas casi ni durmieron, se la pasaron toda la noche tomando y charlando.

A las siete de la mañana el tren decide hacer una parada de veinte minutos. En ese momento aparece uno de los primeros personajes del viaje: Valentín, un ruso de unos sesenta años que había servido al ejercito. Se levantó, se puso su abrigo, salió y ni bien encontró la oportunidad se compró una botellita mágica (vodka). Luego se subió al tren y puso el contenido de su botellita mágica en otra botella vacía que tenía. A las 7.30 mi amigo personal Valentín ya había empezado a tomar vodka.

jueves, 1 de enero de 2009

Lo último de Siberia


A las doce me esperaba Olga para recorrer un rato juntos y luego el plan era ir a conocer a Humberto, un profesor de español peruano que vive hace veintiún años en Siberia.

Se hicieron las doce y así conocí a Humberto.

Apenas lo ví, pensé que venía de la guerra: rengo, campera de cuero, boina. Nos fuimos los 3 a un café, nos sentamos y todo comenzó. Debe el primer momento en que escuché su historia lo primero que quise preguntarle fue: "porque carajo vivís hace 21 anos en Siberia? Digamos, ese iba a ser mi primera pregunta sino fuera porque Humberto disparó primero: "bueno Juan, ánimos de ofender...sos comunista_? Obviamente me dí cuenta que la cosa venía por ahí. Humberto era un altísimo comunista que se fue a vivir a Rusia en la epoca de la guerra fria, se manifestó en algunos momentos, le dieron un par de palazos y lo mandaron a Siberia donde se quedó a estudiar ahí. Siempatizante de Ernesto Guevara, Humberto no dejó de remarcarme que los rusos se sienten más identificados con los gobiernos comunista que los de hoy en día. Hablamos de todo un poco y sobre todo me dió una excelente resúmen de lo que para él, era el pensamiento ruso. Está bueno tener diferentes puntos de vista por lo que encontré la charla bastante interesante.

Terminé siberia y se venia el viaje mas místicos de todos y cansador de todos: 100 horas de tren, desde Siberia a Moscú.

Sigamos conociendo Siberia



Al día siguiente me levanté y me fui a conocer el lago Baikal. Como siempre, usé la filosofía rata y tomé el tram y luego un bus. Cuando llegué a la parada tuve que preguntar por el bus que me lleva al lago. El problema fue justamente ese: preguntar. Intenté unas cinco veces sin resultado. “Niet”, era la respuesta mas conocida. Tuve la suerte de encontrar un estudiante que justo estaba esperando el colectivo. Me hice entender que quería llegar al bus que me lleva al lago, pero el obviamente me hablaba en ruso lo cual fue muy difícil. Por suerte se dio cuenta de mis limitaciones y me llevo una par de cuadras hasta la terminal y lo pude tomar.



Tardé 40 minutos para llegar al lago. Debo decirles que el escenario fue uno de los más espectaculares que haya visto. Me quedé unos dos horas contemplando el lago. El pueblo era muy pequeño apenas unas tiendas de comida y una que otra feria. El frío era muy notorio. Llegó la noche.



En lo de Olga, mi nueva amiga, me esperaban su familia para agasajarme con una comida. Llegué obviamente tarde y lo más loco de todo fue que pude hacer todo el trayecto sin problemas, sino fuera porque me olvidé del código de la puerta, lo cual fue una mierda ya que esperé casi una hora muerto de frío en la calle.



Esa noche nos fuimos a comer a lo de un amigo de Olga, el cual también hablaba español, pero no tan bien como ella. Estábamos Olga, su novio, su amigo y yo. Ah, y la abuela del amigo. Me agasajaron con gran banquete: pescado, papas, chocolates, fue un desfile de comida y yo, el agasajado. Lo bizarro de todo fue que hablé como una hora en español, imagínense, en Siberia hablando español, loquísimo.


Llegó una nueva mañana en Siberia. Me levanté y me fui a recorrer la ciudad de Irkútsk Irkútsk es una de las ciudades más importantes de Siberia siendo un importante centro comercial, base militar y sede de una diócesis de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Se conecta con Moscú por una red ferroviaria de 5.185 km.


La ciudad debo decir que me gusto mucho, nosé si fue porque era la primera ciudad de Rusia que visitaba pero la encontré muy interesante, cubierta por un desfile de monumentos de astronautas, filósofos, escritores, personajes como Lenin, etc. Olvídense de encontrar rascacielos, ambiciosos edificios. Algunas construcciones europeas, otras soviéticas. Edificios maltratados, rectangulares, autos antiguos, parques, corredores, puentes, ríos. Otro dato interesante fueron las mujeres. Debo decir que nunca vi algo así y sobre todo en la cantidad en que se presentaban.


Te subís a un bus y tenés 20 mujeres y 3 hombres. La diferencia en cantidades es muy grande. Obviamente que las guerras influyeron mucho ya que, según tengo entendido, en la segunda guerra murieron 20 millones de hombres.


La moda en Rusia es muy particular. Ellos argumentan que debido al frío, deben utilizar todos los recursos que tengan para abrigarse, argumento válido si hablamos de las eras prehistóricas. En fin, la cuestión es que las mujeres se visten como si fueran a un desfile todos los días. Sombreros de animales, pieles, bufandas, prácticamente se montan cual bicho encuentran en el bosque.

Un argentino en Siberia


Entrada a la zona de siberia el paisaje cambio completamente. Conocí al majestuoso Lago Baikal, el lago más grande de los lagos de agua dulce de Asia y el más profundo del mundo. El fondo del lago está a 1.285 m bajo el nivel del mar, siendo la fosa continental más profunda de la Tierra. Un quinto de las reservas de agua del mundo se obtienen de este lago. En invierno está cubierto por un metro de nieve lo cual es fantástico para andar en Siberian Husky , patinar o simplemente andar en auto o caminar. Las montañas que lo rodean me hicieron dudar si estaba viendo una de las cosas más espectaculares, un lago místico, en el medio de Siberia, todo nevado, en Rusia, en el medio de la nada.

Cuando llegué a Siberia no tenía la más pálida idea de lo que se iba a venir. Por empezar cuando estaba llegando a la ciudad, puse mis cosas cerca de la puerta del tren. Ahí me topé con los primeros contactos rusos. Un idiota pasó cerca mío y me dijo algo que por lo que entendí, era que me vaya a mi lugar, cosa que yo lo insulté en español. Unos minutos después pasó nuevamente por la puerta y me dijo lo mismo.

Sin darme cuenta estaba en Siberia, en el transiberiano, insultándome y forcejeando con un Ruso. Nos agarramos los dos y salimos al pasillo. Yo lo insultaba en español y él, en ruso, aja, demasiado bizarro. Los chinos salieron al pasillo y miraban lo que pasaba. Bueno para que se den idea de lo que es Rusia la gente se muere por pelear, busca cualquier excusa para hacerlo. El incidente no pasó a mayores.

Llegué a Siberia. La nieve y el frío me recibieron con todo. Había arreglado con mi súper página una estadía por dos días. Tenia que llegar, llamar y tomar el bus.

Lo primero que hice al llegar fue averiguar donde podía sacar el tren a Moscu. La gente me miraba como si fuera un alien. El impacto que tuve apenas llegue es algo que no les puedo explicar. Excedió cualquier visión de la realidad. Me di cuenta realmente que estaba en Rusia. Nieve, sombreros rusos, tapados, idioma inentendible, mala onda en el ambiente. Parecía una película a lo Hollywood.

Empecé a preguntar y me fui dando cuenta de lo difícil que iba a ser todo. Por empezar en China te pueden hablar algo de ingles, si estás en un día afortunado. En Rusia nunca tenés esa opción y la gran diferencia es que si saben que hablás inglés mucha gente se piensa que sos yanki y no te ayudan más.

A lo largo de mi estadia no dejé de recibir mala onda, insultos, etc. No les miento, hasta cuando estaba en un bano público vino un ruso a la puerta y me empezó a apurar y a gritar. Lo peor es que no se puede hacer nada contra esto por los siguientes motivos:

Primero: nadie te entiende.
Segundo: si uno se molesta por cada situación, tiene que abandonar el país.
Tercero: en Rusia no se jode con nadie, ni la gente ni la policía. El primer problema que puedas tener no hay forma de que salir sin tener que pasar un muy mal rato.