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domingo, 30 de enero de 2011

EL DIA EN QUE LA REALIDAD VENCIO A LAS EXPECTATIVAS. PARTE 2

REALIDAD

La mejor forma de sacarme la duda fue chocándo con la realidad. Hicimos la reunión inicial y posteriormente me dieron las coordenadas. Unos de los requisitos del trabajo era tener un auto. O sea, no solo ponía mi esfuerzo en lograr ventas sino también combustible. Ellos me daban la dirección de los clientes y yo los tenía que ingresar en mi GPS.

Mi jefa me dice las coordenadas: “Tenes que ir a Liverpool.” Desafortunadamente, es un pueblo que queda a 2 horas desde la ciudad. Salí rápidamente de la oficina y en el apuro apretó uno de los botones del costado y cambio la configuración. Luego de 40 intensos minutos donde casi atropello a todo Sydney, finalmente llego a destino. Me bajo del auto, me arreglo el traje y me paro frente a una pared vacía, donde nadie me iba a atender. “Algo habré hecho mal”. Me fijo la dirección del GPS y me di cuenta de que lo decodifique cuando apreté esos botones. Resultado 1: me llevo al otro lado de la ciudad.

Empecé a saltar como un mono en celo enfurecido por mi error. Ya estaba 20 minutos tarde para mi primera entrevista. Coloque nuevamente los datos y salí nuevamente atropellando todo lo que encontré.

Finalmente llegue a destino, 40 minutos más tarde de lo esperado. Al llegar veo que algo andaba muy mal. No solo que no veía mansiones y palacios por todos lados sino que lo contrario, casas precarias y llena de inmigrantes por todos lados. Había caído en una trampa. El plan de venderles a australianos con dinero había fracasado. Toco la puerta y lo primero que me encuentro es una familia de hindúes con varios chicos. Era imposible que esa familia pueda pagar el costo del programa. Fue ahí cuando entendí todo lo que había pasado. Les dije que gracias por su tiempo y me fui.

Me quede pensando en el auto. Mi jefa me manda un mensaje y me dice que tengo otra entrevista a unos 10 minutos de ahí. Pensé, “Tal vez fue un error, probemos de nuevo”. Cuando llegue, el padre de familia salió a saludarme.

Mi mente esperaba un australiano con un mercedez en la puerta, la mujer con rubíes y las llaves de un yate que asomaba por la ventana y el australiano diciendo “Juan, te estábamos esperando. Ahorrate el discurso, te compro 10 productos”.

Como mi mente no maneja la realidad, me encontré con un Irak que me invito a pasar gentilmente, me presento al padre que no hablaba inglés y a sus hijos.
La idea era reunir a toda la familia. Le pregunte si podía venir la mujer y me dijo “Mi mujer no habla inglés”. Nunca me sentí más frustrado. El proyecto incluía que convenza a familias de bajísimos recursos de que su situación era crítica y por eso deberían comprar mi producto. Me indigne y no quise saber nada. Me dispuse a charlar agradablemente con el iraquí sobre cualquier otro tema y después no hice más que irme. Desaparecí de ese trabajo y nunca más volví. Renuncie automáticamente.

Finalmente se develo el misterio, todo era fruto de un mágico show. Te lo muestran, te gusta. Lo queres comprar, pero después te das cuenta que alguien lo maneja para lograr lo que los dueños quieren.

De esta experiencia saque una gran lección de vida. No importa que tan necesitado estés, nunca hagas algo en contra de tus valores. Y me parece que eso fue lo que hice. Hay juegos que están buenos jugarlos pero siempre y cuando uno elija con quien hacerlo.

1 comentario:

mvnardelli@arnet.com.ar dijo...

Juan: hace mucho tiempo atras, me consiguieron un curro en Cordoba, en donde soy nacido y criado, que consistia en vender cursitos de ingles... casi casi la misma mecanica, hice el entrenamiento, me mandaron a una ^venta^ y luego al otro dia despues de una reunion de apriete con el garca jefe, me pregunte que estaba haciendo con un monton de garcas, y me las pique para nunca mas volver. That song remains the same.