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viernes, 20 de marzo de 2009

16 MESES DESPUES...EN CASA!!!

En un lugar en el medio de Siberia
Tarjeta en mano y el dedo listo para dar el sí, solo me faltaba responder a la mayor de las incógnitas : “ ¿será éste el fin de mi viaje?”. Me quedé pensando aproximadamente 1 minuto y 10 segundos ( lo recuerdo al día de hoy), mientras tanto venían los rusos y me seguían diciendo “ américa kaput”.

La decisión estaba tomada, el pasaje comprado, mi vuelta asegurada. ¿El resto? Después se verá. Chau mundo, Juan se vuelve a casa...

Aeropuerto Internacional de Londres
Mis condiciones físicas eran las siguientes: pelo largo, barba desprolija, botas de leñador y una campera inmensa que compré en China. En Rusia me confundían con un personaje de Kazakhstan. Así llegaba al final de mi camino. Próximo destino (quien iba a pensarlo) Buenos Aires.

La primera vez que me di cuenta de que me estaba volviendo a la Argentina, fue cuándo vi, por primera vez en meses, el stand de Aerolíneas Argentinas. Aproximadamente 50 personas se miraban unas a otras sin saber que hacer: ¿cómo nos van a dejar acá?” “ Esto no puede ser”, “ "¿me están cargando?”. Y obviamente otros insultos que no puedo repetir. Lamentablemente habían quedado varados en el vuelo Londres Buenos Aires. Al ver esta situación, una extraña sensación se apoderó de mi cuerpo. Unos de mis ojos empezó automáticamente a fallar, como si se hubiese imaginado en Florida y Corrientes a las 12 del mediodía en un día rutinario.

En la puerta de embarque fue donde finalmente me di cuenta de lo cerca que estaba del suelo argentino. Era la primera vez en 16 meses que veía a más de 10 argentinos juntos. Me puse en la fila y me quedé escuchando, casi como si fuera un turista más. Llovieron los “vos” “che” “y las LL”.

Lo primero que me di cuenta al subir al avión fue la cantidad de bebés a bordo. Sin mentir, me tocó un bebé al lado, uno atrás, uno adelante, uno a la izquierda y a dos asientos uno a la derecha. Me sentía en Bebelandia. Las azafatas tenían ganas de colocar explosivos y saltar con paracaídas.
Además de los bebés, estaban las madres que no dejaban de quejarse de que les vendieron los pasajes prometiéndoles que les iban a dejar un lugar preferencial para cambiar a sus hijos, obviamente nada de esto pasó. Cuestión, entre bebés, madres, y gente por todos lados me estaba volviendo a la querida patria.

El vuelo no estuvo mal, aunque aprovecho que ahora tengo más lectores para hacer mi primer anuncio negativo en contra de una compañía aérea. A mí, al hombre más fundido del planeta y del sistema solar, me quisieron cobrar 14 euros por una película!!! ¿No me las pueden dar gratis??
Mi vuelta a casa me la imaginaba así: sentado en el avión, tomando algo, relajado, mirando una película. La vuelta estaba, pero sacando el trago, el relax y la película y poniendo bebes, mamás, bebés.
Volé 16 horas sin entretenimiento!! ¡Se olvidan que pagué 630 euros!! Si el avión se llegara a descompensar, ¿me van a cobrar la máscara de gas también?? Imagínense a la azafata en su discurso de seguridad: “ si sufrimos una descompensación, los pasajeros deberán como primera medida colocar el número de su tarjeta de crédito para luego salvar sus vidas. Gracias por volar con Air Comet”.

"Bienvenidos a la República Argentina", se escuchó por el parlante. El capitán hizo lo suyo, el avión aterrizó y ya estaba de nuevo en Buenos Aires.

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